Nómade enamorado hasta los huesos de las montañas, nevados, bosques y todo aquello que la naturaleza ha creado. Comencé a viajar hace 2 años con mi mochila, mi carpa y Gabriel. Siempre fue una idea que quería hacer realidad y no me atrevía. Tenía miedo de qué podría pasar en la ruta o cómo podría costear los pasajes y estadías, pero dicen que “el que no arriesga, no gana” y decidí arriesgar.

A pesar que llevaba una vida ajetreada por las clases en el instituto y el trabajo, decidí poner en mi lista de “cosas por hacer” lo siguiente: “recibir el año nuevo en otra parte del país”.
Y así, sin pensarlo dos veces, compramos dos boletos para Junín y terminamos en el nevado Huaytapallana el primer día del 2017.

Después de ese primer viaje, supimos que queríamos incluir en nuestras vida como algo imprescindible, un viaje al mes o con cierta regularidad. Volvimos a Lima con entusiasmo de sobra para planificar los siguientes destinos y hasta la fecha, llevamos viajando 8 veces. Nos hemos dado cuenta que hemos crecido abruptamente de manera espiritual y que cada lugar en el que hemos estado nos ha dejado una lección, amigos y una inmensa gratitud por la vida.