Luego de partir del cañon de Huatuscalle, quisimos volver a Huanta. Tiramos dedo y en la carretera unos turistas nos recogieron y justo, iban rumbo a nuestro destino. ¡Súper afortunados!
Llegando a Huanta, quisimos pasar la noche en un hotel y hacer las compras para el día siguiente que nos enrumbaríamos hacia Razuhillca y Santillana.

Encontramos un hostal que nos cobró 15 soles y por la noche nos fuimos a cenar a una carretilla hamburguesas de S/ 1.50. ¡Baratísimo!
A la mañana siguiente, nos levantamos temprano para coger un taxi hacía Razuhillca porque caminar hasta allá era para pasar la noche en algún pueblo y agotar la comida de ese día. Además, olvidé contarles que no dormimos mucho porque llovió muchísimo y hubo truenos toda la noche.

En un inicio, como les conté, pensamos coger un taxi pero terminamos viajando en una mototaxi ja, ja, ja. Ya nos veían a nosotros con 2 mochilas de 15 kilos, nuestra carpa y nuestras bolsas del mercado en un vehículo pequeñito pero ahí estábamos con Macedonio, nuestro hábil conductor rumbo a una laguna con mucha historia. ¿Quieren saber qué dicen de ella?

Según una leyenda, cuentan que en la laguna se encuentra un toro muy hermoso y corpulento sujeto a una cadena de oro dominando por una anciana muy canosa. Dice la leyenda que un día el toro llegó a vencer a la anciana y salió a la superficie provocando olas enormes que salieron de la laguna y cubrieron la ciudad de Huanta. Al ver esto, los niños corretearon al toro y llegaron a alcanzarlo y devolverlo en la laguna. Se dice que los pobladores del lugar guardan respeto y tienen temor de que el toro vuelva a escapar.

Una vez en Razuhillca, vimos que había una estación paramilitar abandonada así que decidimos poner nuestra carpa ahí. En la tarde paseamos por los alrededores de la laguna y al ver que ya estaba anocheciendo decidimos empezar a cocinar para poder dormir.
Confieso que esa noche fue muy difícil descansar. Había una energía muy fuerte rodeándonos e incluso, escuchamos pasos que caminaban y corrían fuera de la estación. No me da miedo los espíritus pero sí nos dimos cuenta que había algo extraño acompañadonos.

Al día siguiente, nos fuimos con cierta intriga que luego se despejaría en el camino ya que nos encontramos con un joven al que le contamos lo que nos ocurrió y nos dijo que en los años del terrorismo, lanzaban los cuerpos muertos de las personas a la laguna y a los cerros que están detrás de ella para que nadie los encontrara.

Muchas personas pasan por alto la historia que sufrió nuestro país en esa lastimosa época pero la gente de Ayacucho aún vive con dolor y con recuerdos poco agradables de lo sucedido.
Con estos sentimientos encontrados, partimos hacía Santillana, decidiendo que nada cambiaría nuestro ánimo y nuestras energías. Pensamos en lo que había sucedido y tomamos la decisión de compartirlo en algún momento con nuestros hijos para que la historia no quedara con nosotros sino que siguiera viva.

En dirección hacia Santillana, caminando por la carretera, una camioneta que transportaba ovejas decidió parar y nos preguntó a dónde íbamos. Otra vez, la suerte estaba con nosotros porque nos llevaron ya que ellos iban a un lugar cerca de Santillana.
Fue loco viajar con ovejas, sobre todo, porque jamás las había visto tan de cerca ni había tenido la oportunidad de tocar su pelaje. Fue increíble.

Al bajar de la camioneta, nos despedimos de nuestros amigos de ruta y lo que veíamos frente a nosotros nos quitó el aliento. Una majestuosa cantidad de rocas y pastizales verdes  nos acogía. Aquí las personas vienen hacer turismo ya que se dice que el aire refila las rocas de forma natural y estas obtienen figuras humanas y de animales. ¡Algo totalmente sorprendente!

 

 

Carla Morán Pacheco
¡Hola!¡Bienvenido a Tirando Dedo! Me llamo Carla y soy backpacker.
Mi país tiene preciosos paisajes y aprovecho la vida dándome vueltas por diversas provincias de Perú, donde toda la bulla se queda en Lima y el paraíso lo encuentro en las montañas, bosques, lagunas y demás. Esta paz y alegría que he obtenido viajando es la que quiero compartir contigo.
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