Quería cerrar el 2016 y se me ocurrió la loca idea de irme de viaje y recibir el año en otra parte del Perú, así que revisando destinos, Gabriel me comentó sobre Junín y lo lindo que sería ir. Sin pensarlo dos veces le pedí que compre los pasajes y que al día siguiente nos viéramos en el paradero de buses. Así, sin más, subimos al auto emocionadísimos y expectantes por la aventura que nos iba a tocar vivir.

En el carro yendo a nuestro destino, estábamos por Satipo y le dije a Gabriel que nos bajáramos para probar algo más a la aventura y creyendo que me diría que no, solté una risa y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos pisando este bello lugar por primera vez. No sabíamos a dónde ir, ni qué hacer ni nada porque no teníamos planeado llegar ahí pero son cosas de la vida que llegaron personas que nos orientaron para saber donde estaba la plaza, donde comer y qué visitar.

El primer día fuimos a una cataratas a 3 horas cuesta arriba donde la gente iba a bañarse y pasarla en familia. Nosotros pensamos que podíamos subir con 15 kilos en la espalda. (Bastante ingenuos, ja ja ja). Nos tomó 4 horas y 2 litros de agua. Entre mis alucinaciones por falta de agua y cansancio, juraba que la cascada nos aplaudía por haber llegado tan lejos. Fue una experiencia increíble.

Luego de bañarnos en la catarata, decidimos volver al pueblo y caminar sin rumbo para ver a qué pueblo llegábamos. Empezamos a las 3 de la tarde aproximadamente y a las 8 de la noche, en medio de la selva, empezamos a tener miedo de tantas historias místicas que se nos ocurrió contar mientras se daba la caminata. Entre juegos molestaba a Gabriel para decirle que ahí venía el Tunche o las sirenas.

Con miedo, a lo lejos, vimos que se nos aproximaba un pueblo y  decidimos que sería buen lugar para poner la carpa. Decidimos preguntarle a un lugareño si podíamos poner la carpa en su patio y accedió gentilmente (la gente de provincia siempre te da la mano).
Cuando estábamos por hacernos algo de comer, se me ocurrió hacer una fogata como lo había visto en la televisión pero empezó a llover y se apagó toda la leña que habíamos recolectado en el camino. Pasan cosas raras en la vida y esta es una de ellas puesto que pasando una media hora, un niño llamado Giovani se acercó para ofrecernos leche, queso y pan porque su madre y él nos había visto llegar. Fue el acto más generoso y lindo que nos pudo pasar.

Estoy convencida que todo viaje te deja una experiencia incomparable y una enseñanza. Tengamos el corazón abierto para recibir y aprender.

¡Hasta la vista, viajero!

¡Nuestros entrevistados!

 

Carla Morán Pacheco
¡Hola!¡Bienvenido a Tirando Dedo! Me llamo Carla y soy backpacker.
Mi país tiene preciosos paisajes y aprovecho la vida dándome vueltas por diversas provincias de Perú, donde toda la bulla se queda en Lima y el paraíso lo encuentro en las montañas, bosques, lagunas y demás. Esta paz y alegría que he obtenido viajando es la que quiero compartir contigo.
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