Después de dormir en el Cristo Blanco se nos ocurrió buscar lugares aledaños para ir caminando y conocerlos. El primero en la lista era uno de los ocho distritos ubicados en Huanta, llamado Luricocha. Este lugar es conocido por ser el primer productor de paltos en todo el Perú y cada año se realiza el Festival de la Palta donde se realiza la ensalada más grande del mundo y lo mejor de todo, lo puede degustar todo el público. Además, se festeja la tradicional Fiesta de las Cruces donde cada visitante puede apreciar la devoción ferviente  del cristianismo andino.

Nosotros no pudimos apreciarlo porque viajamos en marzo y solo estuvimos de pasada pero ya pusimos a Luricocha en nuestra lista de próximos destinos. Continuando con el viaje, pasamos por Ocaña, uno de los distritos que conforma la provincia de Lucanas.

Seguimos caminando siguiendo la carretera y un camión que trasportaba barriles de leche, nos llevó hasta las faldas del cañon de Huatuscalle.
Esta fue la primera vez tirando dedo y créannme, fue loquísimo.

Bajamos del camión super agradecidos por nuestra primera experiencia y porque sin pensarlo, nos habíamos ahorrado 20 soles de transporte.
Los milagros sí suceden en las carreteras peruanas.

Ya estaba cayendo la noche y  apreciamos la bellísima vista que nos regaló el día, rodeado por un enorme río frente a nosotros. Un señor que estaba alimentando a su vaca, nos comentó que río que teníamos frente a nosotros era la unión de los ríos  Cachí, Urubamba y Mantaro, dos de ellos de Ayacucho y uno de Huancavelica. Nos quedamos deslumbrados de lo genial que es la naturaleza. ¿No les parece loco?

Como fuimos sin rumbo y ‘a lo que venga’, en el cañon buscamos donde dormir pero todo estaba copado de casitas pequeñas y las chacras alrededor  tenían dueño, por ende, se nos ocurrió tocarle la puerta a una casa donde apareció un hombre anciano que amablemente nos acogió cuando le dijimos que éramos mochileros y que necesitábamos un cuadradito de piso para poner la carpa.

El señor era  un hombre ayacuchano quechua hablante que entendía poco el castellano, como todos en las provincias alejadas a la capital de Ayacucho.
Caía la noche y nos invitó a cenar una sopa de pollo, DE-LI-CIO-SA, con todas sus letras.

Habíamos caminado por horas y créanme que alguien te brinde algo de comer, es el mejor regalo que puedes tener ese día.
Pasamos la noche conversando y aprendiendo un poco de la historia de Ayacucho con él y su hija, que luego se incorporaría a la conversación.

Esa noche empezó a llover a cántaros y nuestro querido amigo, no quiso que nos quedáramos en el patio. Gabriel y yo nos quedamos impactados y enternecidos  de ver cómo alguien que no nos conocía podía ser tan acogedor con nosotros y brindarnos una cama y mantas para el frío.
Pese a que habíamos llevado un cobertor para protegernos de la lluvia, no caímos en cuenta que en la sierra llueve fortísimo y las temperaturas cerca a las montañas desciende aún más.

A la mañana siguiente, nuestro amigo nos contó que se iba a su chacra y que podíamos quedarnos a tomar desayuno. ¿Se sorprenden conmigo?
Agradecidos en un 200% salimos de su casa con la sonrisa más grande y seguimos nuestro camino.

Comenzó la lluvia y ¿qué creen que hicimos? Gabriel y yo parecíamos un cobertor andante por la carretera. Era demasiado gracioso. Yo no dejaba de reírme de saber cómo podíamos vernos.

Un poco de nuestro viaje 🙂

Más allá de todas estas experiencias, la que no les detalle fue que nosotros aún estábamos descubriendo nuestro ritmo al caminar y  llevamos equipaje de más. Algo terrible para alguien que viaja y  hace trekking de más de 8 horas.

¿Ustedes qué harían si les pasa algo así? ¿Les gustaría saber cómo armar una maleta para no sufrir si hacen un trekking largo ?

Les dejo un tutorial descargable. ¡Disfrútenlo!

 

 

Carla Morán Pacheco
¡Hola!¡Bienvenido a Tirando Dedo! Me llamo Carla y soy backpacker.
Mi país tiene preciosos paisajes y aprovecho la vida dándome vueltas por diversas provincias de Perú, donde toda la bulla se queda en Lima y el paraíso lo encuentro en las montañas, bosques, lagunas y demás. Esta paz y alegría que he obtenido viajando es la que quiero compartir contigo.
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